La oposición lo puso contra un arco. Ahora, debe evitar que se le desacomode el equipo para poder proyectarse nacionalmente y volver a atacar. ¿Tiene margen para hacerlo?
Schiaretti parece decidido a salir para adelante y proyectar su propia imagen como una figura nacional capaz de catalizar los descontentos reinantes para con las fuerzas que hegemonizan la discusión política argentina desde hace casi dos décadas. Ilustración: Daniel «Pito» Campos.

Si los resultados del pasado domingo, como todos advirtieron a lo largo de la campaña, son el punto de partida para las elecciones ejecutivas del 2023, resulta difícil comprender algunas de las caras de felicidad que al caer la noche se pudieron observar en el búnker de Hacemos por Córdoba. Con su máximo exponente sin chances de aspirar a la reelección y con una serie de performances locales que estuvieron muy por debajo de lo esperado, el peronismo de Córdoba parece haber sido el principal perjudicado tras la histórica elección opositora que tuvo como máximos protagonistas a Luis Juez y a Rodrigo De Loredo.

Tal como se preveía, Juntos por el Cambio arrasó nuevamente y creció a expensas del oficialismo provincial, que cedió una banca en Cámara baja y, respecto a las primarias vio escapar las primeras posiciones, mientras, aunque sea un poquitito se le achicó la distancia porcentual con el Frente de Todos.

Otra vez, la isla proyectada

A diferencia de lo que pasa a nivel nacional, donde las lecturas son plurales y el reconocer los números como mensaje parece ser la base de la estrategia de “relanzamiento” de la gestión, puertas adentro de El Panal están prohibidos los mensajes derrotistas. A pesar de haber sufrido la peor derrota desde el momento en que la alianza encabezada por el peronismo se hizo cargo del Gobierno provincial, Schiaretti parece decidido a salir para adelante y proyectar su propia imagen como una figura nacional capaz de catalizar los descontentos reinantes para con las fuerzas que hegemonizan la discusión política argentina desde hace casi dos décadas.

El problema es cómo hacerlo. Detrás de la bandera del Modelo de Gestión Córdoba, el hombre que asumió su última gestión después de conseguir el 54% de los votos en 2019 aspira a ser la prenda de unidad de una tropa de mandatarios provinciales que hoy no existe. Más bien todo lo contrario, el hecho político inmediatamente posterior a la derrota del Frente de Todos en las primarias fue reunir a los mandatarios peronistas de todo el país y realizar un primer relanzamiento de la gestión apoyándose en esos armados provinciales que le permitieron, entre otras cosas, achicar los márgenes con Juntos por el Cambio, la fuerza que representa la principal amenaza para la continuidad de los proyectos de poder locales a lo largo de todo el territorio.

Olga Riutort:  “Juez ganó la elección por 30 puntos, el piso opositor es alto y riesgoso si no logramos unirnos”.
¿Por qué el gobernador de Córdoba, que obtuvo uno de los porcentajes electorales más bajos entre los partidos de gobierno (solo la fuerza de Mariano Arcioni en Chubut obtuvo un caudal de votos más bajo) podría convencer a sus colegas de seguirlo en tamaña aventura? ¿Qué sabe Schiaretti que el resto del universo político desconoce respecto a lo que los gobernadores no dicen en torno a la relación con el Presidente y el Ejecutivo nacional? ¿Por qué el cordobés estaría en condiciones de ser considerado “una alternativa” a la actual conducción del peronismo nacional cuando hay otros mandatarios no necesariamente identificados a fuego con eso que Schiaretti llama “kirchnerismo” que podrían reclamar el mismo papel protagónico? ¿Cómo le gana Schiaretti la pulseada al santafesino Omar Perotti, al salteño Gustavo Sáenz, al sanjuanino Sergio Uñac, o al mismísimo Juan Manzur?

Las advertencias de los propios ¿y los extraños?

Si uno analiza el mapa, además, la lectura que Schiaretti desea imponer respecto al resultado de la elección también podría ser puesta en duda. La representación cordobesista que suma tres diputados (Carlos Gutiérrez, Natalia de la Sota e Ignacio García Aresca) y una senadora (Alejandra Vigo) puede resultar crucial apenas para un puñado de escenarios. No son los cordobeses los únicos que sostienen bloques independientes en ambas Cámaras y el Gobierno nacional lo sabe. Aunque los mecanismos de seducción continuarán estando a la orden del día.

Durante el acto del miércoles, Alberto Fernández convocó abiertamente a la militancia peronista a “salir a militar para construir el Frente de Todos” y hasta se animó a coquetear con una propuesta que el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, había lanzado a comienzos de la semana: la posibilidad de definir candidaturas a partir de internas, algo a lo que el espacio nacional kirchnerista siempre fue esquivo.

Allí se abre una nueva una nueva puerta. Después de la elección, Olga Riutort deslizó que si Schiaretti “se va a dedicar a construir un partido cordobés”, los peronistas cordobeses tienen derecho a discutir el “futuro del peronismo en la provincia”. Más allá de los dichos sobre alguna propuesta de “intervención”, que la actual concejala advirtió como una posibilidad aunque aclaró que no se trata de una discusión que por estas horas se esté dando a nivel nacional, lo que por estas horas va ganando espacio en el Frente de Todos es la posibilidad de volver a encauzar la relación entre el PJ mediterráneo y la conducción a nivel país.

Esa idea también es barajada por los diferentes actores que protagonizaron la campaña electoral alineados con la gestión nacional pero que nunca terminaron de poner a Schiaretti en la vereda de los opositores, salvo algunas excepciones. De hecho, fue el propio gobernador el que eligió ubicarse en ese lugar en la segunda parte del proceso electoral, buscando fortalecer el apego histórico con el antikirchnerismo que los votantes cordobeses han dejado de manifiesto en reiteradas oportunidades.

“Nosotros no estamos queriendo romper con el peronismo provincial, más bien queremos estar más adentro. Tenemos visiones distintas y queremos poder manifestarlas en el seno de nuestro partido”, dijo uno de los intendentes consultados por La Nueva Mañana que también advirtió que ese proceso resulta “fundamental” de cara al 2023. “Juez ganó la elección por 30 puntos, el piso opositor es alto y riesgoso si no logramos unirnos”, sentenció.

Dentro de las propias filas de Hacemos por Córdoba. En una carta abierta, el legislador Carlos Alesandri aseguró: “Hoy nos enfrentamos a otro momento crucial de nuestra historia. Los resultados de la elección del domingo pasado encienden luces de alerta. No son definitivas. No significan un hecho consumado. Pero nos marcan acciones que el Peronismo de Córdoba debe planificar para evitar que se destruyan los esfuerzos de estos 23 años. El primer condimento es recuperar la unidad. Respetando cada posición, es imprescindible buscar caminos de entendimiento que hagan prevalecer el bien común por sobre los intereses particulares”.

“No somos ni un partido provincial ni un apéndice de posiciones nacionales. Somos el peronismo de Córdoba con nuestras particularidades y nuestra idiosincrasia y con la fuerza de sentar nuestras posiciones en todos los ámbitos sin la necesidad de romper ninguna estructura. Quienes buscan nuestra división juegan un juego que no beneficiará ni al peronismo ni a la provincia”, advirtió el representante del departamento Calamuchita en la Unicameral.

¿Servirá el llamado a “abrir el Frente de Todos” que el propio Presidente lanzó el pasado 17 de noviembre como convite a que la unidad del peronismo pueda reencauzarse en Córdoba? ¿Puede esa idea convivir con el Schiaretti aguerrido de la última etapa de la campaña? ¿Pueden los potenciales sucesores del mandatario abrir una instancia de diálogo con militantes y dirigentes locales que permita asegurar que el espacio se siga presentando como una alternativa de gobierno después del desgaste natural de casi 23 años en poder provincial?

Carlos Alesandri: “Hoy nos enfrentamos a otro momento crucial de nuestra historia. Los resultados de la elección del domingo pasado encienden luces de alerta. No son definitivas. Pero nos marcan acciones que el Peronismo de Córdoba debe planificar para evitar que se destruyan los esfuerzos de estos 23 años”.

La renovación, el otro cambio

En el desafío de la sucesión, el peronismo cordobés también empezará a experimentar una serie de movimientos internos que Schiaretti observará con atención, cuando no decida interferir en ellos de modo directo. Salvo que un golpe de timón convierta en el principal candidato del oficialismo al vicegobernador Manuel Calvo, el próximo candidato del peronismo vendrá desde alguna de las intendencias más importantes de la provincia.

El señalado es Martín Llaryora, pero también hay quienes miran con atención al riocuartense Juan Manuel Llamosas y al propio Martín Gill, ambos sin posibilidad de ser reelectos de no mediar una modificación en el reglamento aprobado en el 2016 que tampoco se descarta por estas horas. En todos los casos, los nombres traen consigo experiencias de gestión en las que pudieron combinar la identidad peronista mediterránea con la apertura a expresiones militantes e institucionales del justicialismo nacional.

¿Permitirá el gobernador que quienes aspiren a sucederlo empiecen a trabar esas relaciones de modo público? ¿Podrán los aspirantes a la gobernación comenzar a tejer sus propias estrategias intentando exportar a El Panal sus armados locales, más allá de las preferencias reinantes en los pasillos que desean ocupar? ¿Qué tan lejos queda el 2023? ¿Cuán difícil será recuperar la unidad en el peronismo? Y sobre todas las cosas ¿Cuántas ganas tiene Schiaretti de poder volver sobre sus pasos y cuán factible le será poder hacerlo?

Por César Martín Pucheta

Fuente: La Nueva Mañana