16 de junio se cumplen 10 años desde la aprobación del Convenio 189 de la OIT que aún no ha sido ratificado. Ese día es también el Día Internacional de las Remesas.

AmecoPress.- La “excusa” era intercambiar acerca de las remesas, es decir, los envíos periódicos de dinero o productos con que las trabajadoras migrantes sostienen a sus familias y allegadas y contribuyen a las frágiles economías de sus lugares de origen. Pero el diálogo forjó una (o varias) comprensión: las migrantes y en concreto las empleadas de hogar distribuyen saberes por el mundo, vivencias fundamentales para, entre otros, el movimiento feminista. 

La feminización y precarización de determinados trabajos, como los cuidados, evidencia el lugar que ocupan las trabajadoras del hogar en distintas partes del globo. En el caso de las migrantes, este trabajo precario se combina de forma simultánea con el cuidado de sus propias familias para cubrir, desde la distancia, sus necesidades básicas. Una labor que permite sostener, en buena medida, economías nacionales enteras, aunque de una manera invisible y no reconocida.

“¿Qué pasaría si no enviáramos remesas?”

Cuando algún familiar enferma, ellas envían dinero para comprar medicamentos y costear tratamientos. Niños, niñas y jóvenes estudian porque ellas pagan su educación. La comida, la vivienda, la ropa, todo mejora porque ellas se ocupan. Pero “no es una cuestión personal, individual”, defiende Rafaela Pimentel, una de las participantes del evento, “estamos sosteniendo toda una sociedad”, las remesas “son eso silencioso e invisible que sostiene las vidas y los países”.

Pero “no se trata solo de sostener, sino de transformar”. Se enfatiza el valor del trabajo que las mujeres y en concreto las trabajadoras de hogar y cuidados realizan y que es tenido en cuenta por entidades como el Fondo Monetario Internacional, entre otros organismos internacionales con tintes financieros, y por los propios estados: saben el poder y la importancia de este trabajo.

Los cuidados se han mercantilizado. Tal y como está montado todo, sin un sistema público que garantice el derecho al cuidado de toda la población, sin las trabajadoras del hogar y los cuidados, sin la mercantilización y privatización desde los hogares de su trabajo, no hay cuidados a las personas. “Somos necesarias e importantes”, dijo la portavoz de la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Cuidados, denunciando la invisibilización de su aporte “acá y allá”. El Salvador, su país de origen, que tuvo que abandonar “por un sistema neoliberal que nos expulsa”, en 2020 recibió cerca de 6000 millones de euros de remesas familiares, una aportación al PIB superior al que realizan las empresas.

Esta toma de conciencia ha sido y es fundamental en el movimiento de trabajadoras de hogar y cuidados que se ha ido articulando, organizando y fortaleciendo en los últimos años en el Estado Argentino. No es una acción solo externa, es también una revisión de las propias creencias y es un reconocimiento del valor del trabajo esencial que desarrollan. No solo porque limpian las casas y cuidan a mayores y niños, sino porque han sabido y querido buscar tiempo para comunicarse y ayudarse, para el activismo, de manera altruista, por necesidad, por empeño. Han sabido poner en común experiencias, vivencias y saberes: de acá y de allá.


Y con ello van construyendo una narración colectiva de sus reivindicaciones y formas de hacer que, aunque todavía no lo reconozcamos, son saberes que reparten y ofrecen con pequeños gestos, en lo cotidiano, y con encuentros y actos a los que somos invitadas.

En el sustrato de cada una de las reivindicaciones de estas mujeres, migrantes en su mayoría, encontramos el cuestionamiento de la organización social de los cuidados actual.

Cuando las trabajadoras de hogar piden la ratificación del Convenio 189 de la OIT , no solamente reivindican algo que es justo y que, por cierto, se les ha prometido reiteradamente por Gobiernos y partidos progresistas y que se definen como feministas, pero que no se ha llevado a cabo después de 10 años. En el sustrato de cada una de las reivindicaciones de estas mujeres, migrantes en su mayoría, encontramos el cuestionamiento de la organización social de los cuidados actual. Por eso, la ratificación del Convenio 189 es imprescindible, pero insuficiente. Por eso hay tantas resistencias a asumir un convenio clave para que las trabajadoras de hogar logren la equiparación de derechos laborales.

En Argentina podemos consultar las condiciones del trabajo doméstico, en el siguiente link: https://www.argentina.gob.ar/trabajo/casasparticulares/condiciones

También podemos consultar sobre salario, deberes y derechos laborales en la página de la UNION PERSONAL DE CASAS PARTICULARES EN ARGENTINA.  http:/upacp.org.ar

Las remesas son más que dinero y objetos. Son experiencias vitales y acumuladas que nos interpelan. Son millones de maneras, de símbolos, de afecto, de estrategias para crear espacios de cuidado transfronterizos.

Es cierto que las remesas son, como explicó la antropóloga Andrea Ruiz Balzola, remesas sociales que producen transformaciones en diversos campos, también en las relaciones de género en los países de origen, porque son ellas quienes envían y quienes reciben y eso perturba el orden establecido. Sin embargo, las llamadas cadenas globales de los cuidados reproducen las desigualdades de género. El hecho de que aquí “no renegociemos las responsabilidades ni en el ámbito del hogar, ni en relación al Estado”, es decir, el hecho de no abogar decididamente por una organización de los cuidados radicalmente diferente, hace que las estructuras patriarcales se reproduzcan indefinidamente.

“No es casual que sean mujeres migrantes y de los márgenes quienes estén trabajando en el sector del empleo de hogar y cuidados”, sentenciaba Carolina García Espinoza.

Pero con ellas y sus remesas van y vienen saberes feministas, reivindicaciones laborales y sociales. Pelean por el reconocimiento de sus derechos como trabajadoras del hogar y los cuidados, pero también por la visibilización del trabajo de cuidados que sostiene la vida y por la necesidad imperiosa de reorganizar estos cuidados socialmente. Son mujeres que reparten saberes y aspiran a otra realidad.

Foto: archivo AmecoPress.

Por: Gloria López