G – Gay: Atracción emocional, afectiva y/o sexual que tiene una persona hacia otras de su mismo género. El activista Asier Santamaría explica que prefiere este término antes que homosexual porque este último se ha utilizado «para patologizarnos».

T – Transexual o transgénero: Identidad de género que recoge a las personas que se identifican con el género opuesto al de su género asignado al nacer y requiere de un proceso físico de hormonación (no necesariamente de cirugía de reasignación).

B – Bisexualidad: Capacidad de sentir atracción romántica, afectiva y/o sexual por personas de más de un género/sexo no necesariamente al mismo tiempo, no necesariamente de la misma manera y no necesariamente en el mismo grado ni con la misma intensidad.

I – Intersexual: Persona que nace con características sexuales (como cromosomas, genitales y/o estructura hormonal) consideradas de uno u otro género. Algunos médicos aconsejan a los padres de bebés intersexuales practicarles intervenciones quirúrgicas para eliminar alguna de estas características pero existe un riesgo alto para los bebés intersexuales que no han manifestado su verdadera identidad sexual.

Q – Queer: Término acuñado para definir a todas aquellas personas que no quieren clasificarse bajo etiquetas tradicionales por su orientación e identidad sexual. Lo queer deconstruye la sexualidad normativa y traspasa lo socialmente aceptado, esto es, la vida heterosexual, monógama, con personas de edad similar y clase social…

Guía para no perderse en la diversidad sexual

Confundir identidad de género con orientación sexual es un básico para saber moverse en la diversidad de género.

Asier Santamaría, activista LGTBI, aconseja pensar en el cuerpo humano como «un texto que puede ser leído de forma diferente dependiendo del contexto». A partir de ahí, cuatro claves: los atributos biológicos, la identidad de género, la expresión del género y la orientación sexual.

En primer lugar, los atributos biológicos dependen de los genitales y no es necesario aclarar que esto nada tiene que ver con lo que sentimos. Ahí entra la identidad de género, que la podríamos ubicar en la cabeza: consiste en saber cómo me siento, ya pueda ser hombre, mujer o ninguno de los dos.

A continuación está la expresión del género, que es cómo cada uno exterioriza su identidad. Y por último, la orientación sexual, que se ubica en el corazón y está relacionada con a quién deseas. El vídeo que te ofrecemos a continuación te ayudará a no perderte en la diversidad de género: