El jefe de terapia intensiva de la clínica Vélez Sársfield murió este miércoles a causa del covid. La despedida de su hijo Nahuel, también médico.

A raíz de la pandemia de coronavirus la situación en Córdoba es desesperante: aumento de casos, incremento de fallecimientos, terapias intensivas saturadas, largas filas para acceder a un hisopado y en otros casos la declinación de hospitales a practicarlo, y profesionales de la salud dejando todo al batallar contra el Covid, incluso hasta la propia vida.

Éste es el caso del doctor Waulter Melgarejo, quien se desempeñaba como jefe de terapia intensiva de la clínica Vélez Sársfield y falleció el miércoles luego de luchar durante ocho días contra el virus.

Su muerte causó conmoción en todo el personal de la clínica pero también en el ambiente médico, ya que Melgarejo era muy querido por su entrega y compromiso. Especialista en medicina interna, clínica médica y emergentología; también se encargaba de la formación de los y las residentes.

Tras el fallecimiento, su hijo Nahuel -también médico- lo recordó en las redes sociales con una emotiva carta donde hizo un recorrido por la vida de su padre y se mostró orgulloso. «Fuiste unas de las personas más maravillosas que me presentó la vida, y qué privilegiado yo de haberte tenido tan cerca viejito mío», escribió.

«Lo diste todo hasta el último, la peleaste como siempre, durante éstos casi 8 días, contra éste virus de mierda, en tu lugar, en la terapia de la clínica donde tanto te querían, dónde hoy se llenó la calle de tus compañeros de trabajo, médicos, enfermeros y personal administrativo, para despedirte con un gran aplauso», contó el joven.

La carta completa de Nahuel Melgarejo:

Desde donde abarca mi memoria, recuerdo cuando volvías de guardia, desayunábamos y nos llevabas a jugar al fútbol a la cancha que estaba a dos cuadras de casa. En ese momento no entendía ni tenía noción de lo que era una guardia, ni del cansancio que eso conllevaba, mucho menos en tu especialidad. Pero vos, llegabas con esas ganas como si hubieras dormido toda la noche, sonriendo y con mucho entusiasmo ibas conmigo y mis hermanos a jugar. Quizás ese era el pequeño momento que tenías, por que también recuerdo cuando no llegabas a almorzar por que estabas demorado o te perdías algún acto de la escuela por estar trabajando. Pero siempre volvías con esa energía que te caracterizaba, y de alguna u otra forma te hacías un tiempo para nosotros. Recuerdo con mucha claridad cuando me dormía en el sillón al lado tuyo viendo un partido y vos me llevabas a mi cama.

Siempre buscabas algo para entretenernos, hasta nos hiciste un camión de madera que tanto nos fascinaba, que además de ser perfecto ya que tenía hasta detalles en el interior como el volante, asientos y demás, todo hecho en madera, fue uno de los mejores juguetes de nuestra infancia.

Aún recuerdo la primera vez que entré a la terapia, con apenas 12 años no entendía que era todo eso que tenían conectado los pacientes, y tampoco entendía por que estaban todos dormidos. Yo te miraba y sentía un orgullo tan grande por vos y por el amor con que te dedicadas a lo tuyo que se me explotaba el pecho. Fuiste, sos y serás mi orgullo, mi ejemplo y mi profesor. No sólo como médico, sino también como persona y como padre.

Tu esfuerzo, dedicación y humanidad te llevaron luego de casi 30 años de servicio a ser el jefe de la terapia de una de las instituciones donde trabajabas, y no lo fuiste antes por que vos no querías. Por que todo el que iba a la UTI sabía que si estaba «el melga», estaba todo bien. Fuiste especialista en terapia intensiva, medicina interna, clínica médica y emergentología. Y lo digo por que vos nunca hablabas de eso, siempre ibas con ese perfil bajo que te caracterizaba y nunca te importó que te reconozcan ni resaltar, pero inevitablemente lo hacías y eso a mi me llenaba de orgullo. Por que en más una ocasión los familiares de tus pacientes te agradecían donde sea que te cruzaban y aún sin conocerte sabían que dabas todo por cada uno de los internados que solías tener, algunos muy graves, otros no tanto pero siempre el mismo compromiso con ellos, sin hacer diferencia alguna.

Tambien te destacaste como formador de muchos médicos residentes que tan agradecidos están por que a pesar de ser gruñón y estricto (exigente para mí), te dedicabas a compartir todos tus conocimientos sin ningún tipo de egoísmo ni filtro, compartías hasta técnicas que no están en los libros, esas mañas producto de tu ingenio despues de tantos años de estar en instituciones donde los insumos nunca eran suficientes o fáciles de conseguir.

Siempre estudiando, siempre mejorando día a día, actualizándote por el sólo hecho de ese compromiso que sentías con la profesión que elegiste, con los pacientes.

Fuiste unas de las personas más maravillosas que me presentó la vida, y qué privilegiado yo de haberte tenido tan cerca viejito mío.

Quedate tranquilo que lo hiciste todo, nos apoyaste y nos acompañaste a mis hermanos y a mi a volar y ser lo que somos hoy en día, todo gracias a vos y a la viejita.

Hoy se me paraliza la vida de pensar que no voy a poder abrazarte más, que no vas a estar acá con nosotros. El hecho de que te hayas ido tan pronto es un puñal que sólo pueden entender quienes te conocimos.

Lo diste todo hasta el último, la peleaste como siempre, durante éstos casi 8 días, contra éste virus de mierda, en tu lugar, en la terapia de la clínica donde tanto te querían, dónde hoy se llenó la calle de tus compañeros de trabajo, médicos, enfermeros y personal administrativo, para despedirte con un gran aplauso.

Estés donde estés, te mando un abrazo enorme. Ya nos vamos a encontrar así nos comemos un asado y te preparo un fernet de esos que te gustan a vos «80/20» como me pedías que te lo prepare. Nos reencontraremos en algún lugar, no sé dónde pero estoy seguro que así será.

¡¡¡Te amo con todo el corazón pa!!! 

 

La Mañana de Córdoba