VIOLENCIA DIGITAL

La abogada especialista en derecho informático Marina Benítez Demtschenko conversó con Télam sobre las acciones que pueden proteger a las mujeres que eligen manifestar sus ideas en redes sociales y son las principales atacadas en esas plataformas.

Para estar seguras ante los embates en redes sociales es fundamental informarse sobre su funcionamiento, apoyar a las mujeres atacadas, reportar contenidos agresivos, mientras que, a la par, se promueve la inclusión en la normativa a la violencia digital como violencia machista, en un contexto donde las plataformas están haciendo cambios para dejar claro que no toleran estas situaciones, reflexiona Marina Benítez Demtschenko, abogada especialista en derecho informático.

La profesional preside la Fundación Activismo Feminista Digital, y la propuesta de Télam en este diálogo es sumar sus aportes sobre acciones para proteger a las periodistas y a las mujeres que eligen manifestar sus ideas en redes sociales, las principales atacadas en esas plataformas, como lo demuestran distintas investigaciones, las cuales fueron abordadas en la nota «Preocupa la creciente violencia de género en entornos digitales«.

«Ninguna plataforma genera ataques masivos machistas». Estos surgen de personas, por eso es una situación que «no debe normalizarse»

Para Benítez Demtschenko, hay que pensar la problemática en cuatro dimensiones: políticas públicas, hábitos de la sociedad, autorregulación de las plataformas y los apoyos a las víctimas.

– Télam: ¿Que se puede o debe hacer desde las políticas públicas para prevenir y sancionar este tipo de violencia?
– Marina Benítez Demtschenko: Lograr el reconocimiento de esta problemática con un efecto disuasivo. Cuando hablamos de ataques masivos difusos a cargo de oleadas de usuarios y usuarias contra determinadas periodistas o contra determinados temas y periodistas detrás, lo mejor que se puede pensar es en campañas de visibilización y de sensibilización, principalmente porque se siguen subestimando los efectos reales detrás de esto. Mas allá de que informes y reportes sobre las problemáticas son importantísimos.

La abogada se refiere a que distintos informes dejan en claro que las consecuencias de esos ataques se ven en el daño físico, emocional, la autocensura, el abandono de la profesión y el silenciamiento de voces a través del maltrato, tal como fue analizado en la nota «Censurar a las mujeres, uno de los objetivos de la violencia de género online«, a partir de una entrevista al sociólogo Silvio Waisbord, único argentino que participa en un estudio de Unesco sobre la temática.

– T.: ¿Hay que pensar en una legislación específica para esta modalidad y tipo de violencia?
– M.B.D.: Bastaría, en principio, con el reconocimiento de la violencia digital y la violencia telemática como forma de violencia machista. Tenemos un proyecto desde Activismo Feminista Digital de 2018, que vamos a reingresar porque perdió estado parlamentario.

– T.: ¿Es necesario un mayor compromiso de personas que son referencia politice ante estos ataques?
– M.B.D.: Cuando pasan estos ataques difusos en redes sociales es una buena y necesaria práctica el repudio explícito desde las cuentas oficiales de organismos de promoción y protección de los derechos de las mujeres, porque cada caso es un modelo para que la problemática deje de ponerse a un costado. No es sólo un apoyo, es mostrar la no tolerancia a este tipo de comportamientos generalizados.

«No es sólo un apoyo, es mostrar la no tolerancia a este tipo de comportamientos generalizados»

Benítez Demtschenko utiliza el término «ataques difusos», a los cuales define como «embates sistemáticos, organizados y de usuarios en masa, que arremeten contra una persona o tema de relevancia social, normalmente sensible, con el objetivo de desacreditar, humillar, desequilibrar o contrarrestar su importancia o su mensaje. No se sabe dónde se originan, ni desde donde se proyectan. Tampoco de quien viene, por eso lo difuso».

Y resalta que estos ataques dirigidos a mujeres y LGBTIQ+ «presentan un altísimo componente sexista que apunta a descalificar a la persona independientemente de la idea detrás, exponiéndola en materia sexual, vincular, de su pasado, familiar. La persecución que se insta, suele tener efectos de retracción de la persona afectada, en su voz, mensaje o desenvolvimiento cotidiano y diario».

«Las consecuencias de esos ataques se ven en el daño físico, emocional, la autocensura, el abandono de la profesión y el silenciamiento de voces a través del maltrato»

Marina Benítez Demtschenko presidenta de la Fundación Activismo Feminista Digital. Foto: Analia Garelli

– T.: ¿Qué podemos hacer como sociedad para contrarrestar esta violencia?
– M.B.D.: Cambiar hábitos y reflexionar. Gran parte de la sociedad digital, de la comunidad presente en la web, no tiene en cuenta los efectos y la cadena que puede producir un contenido volcado de forma aislada. Y a veces mujeres atacadas levantan contenido contra otras mujeres y se generan ataques difusos. Burlas, humillación, consumo irónico, comentarios en momentos en que hay picos sobre una persona genera una catarata difícil de salir. Esto tiene que ver con la alfabetización digital y reconocimiento de los derechos digitales. Estar en la web no es solo pasar el rato, como integrantes de la comunidad digital no podemos sólo quejarnos, también modificar nuestro lugar. Es un ejercicio desde la práctica y el pensamiento reflexivo, una suerte de autorregulación. Si esta información no es clara se cree que las redes son tierra de nadie y se genera un campo propicio para estos ataques que se ven como ‘normal’. Hay que sacarlo de lo cotidiano. Sin culpabilizar a quienes reciben ataques, por supuesto. Hay una subestimación de usuarias y usuarios de esta situación.

– T.: En la nota «La violencia de género online se organiza desde grupos en redes y app de mensajería» -integra esta serie- Alejandro José, experto en seguridad informática destacaba que las plataformas están preocupadas y se están ocupando de esta situación. ¿Usted coincide?
– M.B.D.: Las plataformas: plantean cambios muy interesantes en los últimos dos años. En cuanto a la violencia machista a periodistas, hay una postura de no tolerancia y trabajan en ampliar los formularios de reportes y limitar los contenidos lesivos, atentas al reporte de cuentas que son ‘llamadoras’ de estos ataques difusos. Me parece que entendieron cuál era la problemática. El mayor avance en cuanto a ataques troll machistas está del lado de las plataformas.

– T.: ¿Y las víctimas qué pueden hacer?
– M.B.D.: Hay un ABC que está relacionado, primero, con la detección de los contenidos en cuanto a sí cometen delitos o no. Las usuarias digitales tienen que conocer cómo funcionan las plataformas. En la desesperación de un embate machista, lo primero que se hace es poner candado o limitar la participación del resto de la comunidad, se tiende a bloquear. La buena práctica es detectar el contenido lesivo y hacer el reporte con la catergorización indicada, según cada plataforma. No eliminar contenidos que pueda servir para denuncias.

– T.: ¿Cómo se puede acompañar a quienes son atacadas?
– M.B.D.: Normalmente lo que hacemos otras mujeres es repudiar los ataque. Es el trabajo en red de mujeres, de periodistas, desplazar el foco del ataque, generando contenido que lo contrarreste. Por ejemplo, contenidos que tenga que ver con el trabajo de esa periodista, aprovechar la tendencia y que las búsquedas remita a determinado contenido. Lo tenemos que pensar y articular. Otra vea la alfabetización digital, el reporte ante plataformas y no dar mas difusión al embate. No desesperarse ante el inicio de ataques, sacar métricas. Normalmente los ataques difusos graves no tienen mas de 5 días. Una termina muy afectada después de los embates sostenidos y cruentos. La realidad es que pasados esos días, casi no se altera. La seguridad se logra con la información, y el apoyo de otras, pero información para prever.

Benítez Demtschenko recuerda y refuerza que «ninguna plataforma genera ataques masivos machistas». Estos surgen de personas, por eso es una situación que «no debe normalizarse».

Por Silvina Molina, editora de Género y Diversidades