Nadie podía imaginar que el jugador se viera forzado a dejar el lugar que quiere junto al Mediterráneo en situación de aflicción y desconcierto.

El mundo, perplejo. Y sin entender el modo en que en la renovación cantada y tranquila le fue bajada la persiana al mejor jugador de fútbol que existe. ¿Al mejor de todos los tiempos? No es posible saberlo, no hay cómo medir los que es parecido y diferente a la vez. Pero es muy posible. Y no resulta decidirlo porque el fútbol – uno de los grandes poderes planetarios- es alimentado por las emociones, la estética, la velocidad de la inteligencia con la velocidad del cuerpo. Vive en un cosmos tangible pero también imaginario. Muchos optan por Di Stefano sin haberlo visto. Creen haberlo visto. Es un mecanismo extraño, inexplorado. Tal vez no importe explorarlo. Funciona así. No daña a nadie. ¿Cuántos artistas y amantes de la danza aseguran que nunca nadie fue ni será superior a Nijinsky, de quien hay solo un rastro, la película primitiva tan grotesca en los movimientos que mueve a una risa bizarra y piadosa. La memoria de las imágenes cada día más desarrolladas autoriza las comparaciones con fundamento. Ya no es la grandeza imaginaria. En forma documental y en partidos directos, el maravilloso deportista de arte con rayos de genio Leo Messi centra en este tema un papel máximo.

Messi fue despedido. Es la mirada real de lo ocurrido. El prodigioso Leo, legendario a los 34 años, fue despedido por el Fútbol Club Barcelona, el Barça.

 ¿Entonces? ¿Qué fue, qué ocurrió camino del Camp Nou a poner la firma que se daba como un detalle formal, un detalle? ¿ Cabía la posibilidad de que Leo se fuera del único equipo y única camiseta en la cima de la admiración unánime demasiado cerca de la puerta de servicio? El comunicado del club fue corto. Agradecimiento, suerte en adelante, pero los topes de salario establecidos en la Liga Española no podemos conseguirlo. Y, ojo,: “No podemos hipotecar el club”. Vamos: todo podía negociarse. Mucho por ir y venir hasta encontrar un punto de encuentro. Se daba por hecho. Messi lo daba por hecho. No tenía un plan B en ese momento, alejarse y pasar a otro sitio súper estelar para formar en conjunto con algunos de sus amigos queridos un grupo de invencibles. No lo tenía. Al llamar a reunión de prensa, se vio con transparencia. Leo, en shock y entristecido, repasó con periodistas su vida desde los trece hasta hoy, siempre en el Barcelona. Pudoroso frente a los periodistas, giró y pudo dar la espalda para mitigar el llanto de un despido y una despedida.

Antonela se levantó para alcanzarle unos pañuelos. Messi quería quedarse y terminar sus días de jugador sin alejarse, en otras funciones. ¿Quería imaginarlo para siempre? Laporta , sin decirlo, recordó que el FCB es y tiene un lema superestructural: ”Más que un club.” Lo entendemos todo de manera literal, se necesito apenas una vocal por toda traducción. Sin embargo no alcanza con leer lo que expresa. Lo que expresa es que el Barça no se limita a ser un club de fútbol. Es también un símbolo de identidad, historia, lengua, más alto que un ministerio permanente, más allá de permanecer en integración con España, ser España sin dejar de ser catalanes o persistir en un desgajamiento, la independencia que veda la Constitución y configura delito. Dejemos esta consideración a un costado: el Barcelona y su hijo directo, Messi, el más grande, viene detrás.

El buró fax no fue buena semilla, si bien con el cambio de presidentes desde Bartomeu (mala relación con Leo) hasta Laporta (buena relación con Leo) calmó la mar.

Nadie podía entonces imaginar que Messi se viera forzado a dejar el lugar que quiere junto al Mediterráneo en situación de aflicción y desconcierto. Para el Barcelona el razonamiento es que Messi pasará. El club permanecerá, se piensa en el “más que un club”. Desocupado de gran lujo, habrá de cambiar la nueva casaca y firmar otro contrato de aquéllos. El precio de ese desarraigo, más duro que el haberse irse de Rosario cuando niño, derivará rumbo a más años de recuperación y felicidad para quienes son sus contemporáneos, lo que vivimos el tiempo de Leo Messi.

¿Fútbol en la escala más potente – siempre tiene buenos naipes en el juego- , traición, demasiada confianza , seguridad en una alianza poco menos que familiar defraudada, política? Un poco de todo. Como quiera que sea, Leo tendrá que lamer las heridas. Entonces, seguro, volveremos a los goces para los que nació para asombro de los humanos.

Fuente: Infobae