Alberto Fernández y Cristina Kirchner, durante la apertura de sesiones (Reuters/Archivo).
Alberto Fernández y Cristina Kirchner, durante la apertura de sesiones (Reuters/Archivo).

Nunca antes en la democracia que retornó en 1983 un Vicepresidente de la Nación había denunciado un atentado, aunque fallido, de tal severidad y magnitud como lo hizo Cristina Kirchner en la última semana. El viernes 11 a las 7 de la mañana, horas después de la sesión de Diputados que le dio media sanción a la refinanciación de la deuda con el FMI, Kirchner subió un video a las redes sociales que mostraba cómo fue apedreado su despacho del Senado por “manifestantes” que generaron disturbios fuera del Congreso.

Ella estaba allí junto a su hijo Máximo y dos senadores más. Una de las piedras voló junto a un vidrio cerca de su cara. En ese primer video, introdujo el argumento central de su denuncia: quienes lanzaron las pedradas lo hicieron contra ella, sabiendo que lo hacían.

Y si estoy cansado de gritarte / es que sólo quiero despertarte… (Rasguña las piedras. Canción de Sui Generis).

La vice dijo que el asedio a sus oficinas pudo estar preparado “intencionalmente”. Solo esa alusión a un posible complot en su contra causó estrépito en el Gobierno. Pero la vice, ante algunas sospechas de haber editado su primer videodifundió un segundo tape. En ese material audiovisual otra vez denuncia, sin pruebas pero con aparente certeza, afirmo “que alguien planificó y mandó a ejecutar” ese potencial atentado en su contra.

Si antes sus acusaciones por los piedrazos generaron un clima de rabia general en la Casa Rosada, su segunda denuncia provocó bronca y al mismo tiempo desconcierto.

¿Qué busca la vice?

Uno de los principales voceros de Cristina, el ministro bonaerense de Desarrollo Social, Andrés Larroque, se quejó por Twitter por el “silencio con la que el Gobierno tomada ese tema”. El presidente Alberto Fernández le mandó mensajes el viernes 11, tras el ataque con piedras. Ella nunca le respondió.

La extravagante -y preocupante- falta de comunicación el Jefe de Estado y su vice incluso fue uno de los temas abordados por la portavoz de la Casa Rosada, Gabriela Cerruti: confirmó esa trifulca, la falta de respuesta de Cristina a Alberto, y le dio entidad institucional a la pelea brutal y explícita entre el Gobierno y la titular del Senado.

“¿La relación política está en el mejor momento? Bueno, vimos cómo se votó anoche”, declaró con palabras dictadas en una de sus exposiciones de la mañana.

La noche anterior, el Presidente había logrado partir el bloque antes homogéneo del oficialismo en el Senado. Trece senadores rechazaron o se abstuvieron sobre el acuerdo con el FMI.

Ente los “rebeldes” se encuentran otros dos senadores que también sufrieron la rotura de sus despachos en la lluvia de piedras por la que la vice solo aludió a ella como víctima. Uno fue el jefe del bloque K, José Mayans, que votó a favor del proyecto del FMI y la Casa Rosada. Lo mismo que la también apedreada senadora santiagueña Claudia Ledesma. Ese dúo de legisladores no denunció complot de piedras en su contra y votó contra los deseos de la Jefa. Postales de una nueva etapa política.

Su ausencia, un nuevo mensaje

Cristina se retiró de la sesión y estuvo ausente en el momento de la votación. El Presidente lo tomó como otro gesto de ella en su contra. Igual que los votos anti-FMI de Máximo y los diputados de La Cámpora en la sesión en la que, con apoyo de la oposición, el titular de ese cuerpo, Sergio Massa, logró un consenso con opositores único en los últimos años.

Los dos extremos de la política nacional, tanto los Kirchner como Mauricio Macri, alentaban un rechazo parlamentario al acuerdo del Presidente con el Fondo. Macri cambió de opinión. Ella no. El Presidente recién supo qué votaría Máximo y La Cámpora cuando la sesión estaba por terminar.

Los Kirchner y el Presidente entraron de modo definitivo en una lucha de poder dentro de una coalición en el Gobierno con demasiados problemas. Que los dos líderes del espacio no se hablen, que una acuse a los propios de haberla atacado a piedrazos, que subalternos del ministro de Economía, como el armado por la falta de dinero para conseguir gas que su supuesto jefe de Hacienda le retaceaba, son cruces naturalizados en un Gobierno en el que buena parte de sus funcionarios están enfrentados por decisiones de fondo y de la administración diaria.

Se viven así acontecimientos traumáticos pero con protagonistas acostumbrados a trabajar así.

Así se empiezan a conocer las primeras consecuencias de una interna que ya nadie oculta, en la que ya nadie es neutral, y en la que se juega no solo un proyecto partidario: también el futuro de un país.

En los próximos días habrá novedades, confía un miembro del Gabinete. ¿Un “ataque” al estilo de la vice contra su Presidente? ¿O una decisión del Presidente para intentar poner orden por primera vez con el funcionariado que le responde a ella, y no a él?

La respuesta: pronto.

Tanto en la Justicia porteña como en la federal, las investigaciones sobre el “caso piedras” no encontraron pruebas que avalen la grave denuncia de la vicepresidenta.